José Luis Tejeda González. Escritor/Profesor Universitario

La trama y la imposición.

09 Sep 2012 - 10:13:19
Alardeaban con antelación que sería el próximo presidente de México. Era mucho más que fanfarronear o una corazonada. Era la certeza de que en la cúspide del poder se tramaba la imposición del presidente y el regreso del sistema autoritario. En las cúpulas, el arreglo cancelaba o negaba la posibilidad de un juego competitivo y democrático por el poder político. Se preparaba una elección ganada de antemano, con los dados cargados a favor de uno de los contendientes y la firme determinación de hacerle ganar al precio de lo que fuera. Empresarios, militares, políticos profesionales, delincuencia organizada y otros poderes abominan la democracia. Se dieron cuenta que le da poder a los de abajo, a los ciudadanos comunes y corrientes y optaron por resolver la elección constitucional en las alturas. Una democracia verdadera se sustenta en la certidumbre sobre las reglas y los procedimientos y en la incertidumbre sobre el resultado. Aquí era al revés, se mandaba un día si y otro también la señal de que el resultado ya estaba dado. Peña Nieto sería presidente, así nos quedáramos sin país y sin nación.

Sólo comparemos eso con un sistema medianamente democrático como el norteamericano. ¿Qué sucedería si demócratas y republicanos se ponen de acuerdo sobre quién debe ganar? Más grave aún si los apoyos económicos, políticos y hasta emocionales fluyen a favor de uno de los contendientes y el otro se queda deliberadamente rezagado. Sería un escándalo mayúsculo y estaríamos ante una democracia corrompida y simulada. Muchos dicen que no hubo fraude en los comicios de Julio pasado y que todo fue limpio y transparente, pero se eluden los antecedentes y el contexto de las campañas y de la elección final. A Peña Nieto se le infló mediáticamente durante la mayor parte del sexenio para sacar una ventaja considerable sobre cualquier contendiente. Los medios masivos, las televisoras, la prensa, los editorialistas le ensalzaban y le protegían ante sus múltiples fallas y tropiezos. Sólo en la recta final, se quiebra este control en las redes sociales. A contracorriente se le restó fuerza y credibilidad, aunque el daño era casi irreparable. Se entró a la etapa de las campañas formales con un escenario adverso para cualquiera que se le enfrentara. Las encuestas sesgadas deliberadamente daban una victoria fácil del candidato del PRI de dos dígitos. Ya supimos que nunca fue así. Eso formaba parte de la trama cupular para imponer un candidato y darle un golpe mortal a una democracia muy frágil y débil. La recta final fue como si en una contienda deportiva uno de los equipos entrara a la cancha con dos o tres goles en contra y te dan 90 minutos para remontar el marcador o si en un partido de beisbol alguien entra al terreno con cinco carreras de ventaja. Ha sido un juego inequitativo y simple y llanamente ventajoso. Deja un mal antecedente de que en México sólo se puede ganar con el aval de los mismos aprovechados que llevan al PRI de regreso. 

Ahora resulta que el PRI acusa a los contendientes de no saber perder. Siendo que ellos nunca han sabido ganar en buena lid. Y gobiernan con un criterio torcido. Son la institucionalización del autoritarismo, la impunidad y la corrupción. Desde la venta de plazas hasta el tráfico de drogas, la tónica es la simulación y la transgresión de la legalidad. La pretendida cruzada contra la corrupción y por la transparencia que anuncia Peña Nieto está condenada al fracaso. No cuenta con ninguna credibilidad social. Nos recuerda las gestiones dizque moralistas de Adolfo Ruiz Cortinez y de Miguel de la Madrid, luego de la corrupción galopante de los sexenios de Alemán Valdés y López Portillo, respectivamente, todos priístas por cierto. Si de por sí, los gobiernos panistas se hundieron en la reproducción y en los métodos del priísmo al que juraron combatir, es absurdo esperar siquiera algo positivo de quienes elevaron la “maña” a un hábito fundacional. Vemos lo contradictorio de todo esto, en el hecho de que los mismos que han pedido abiertamente pactar con el narco, sean los que pidan acatar la resolución del Tribunal Electoral en lo relativo a la supuesta victoria de Peña Nieto. La aceptación de los resultados convalida y afianza una imposición que se volvería “régimen”. Es decir, que encontrarían el caminito para repetirlo en los estados y en los comicios federales, en el 2015 y en el 2018. Ya de por sí, una larga noche se cierne sobre México, con una extensión de la dominación priísta, el autoritarismo acabaría devorando la nación.  

Han puesto a México en el abismo. La transición política democrática abortó desde los años del panismo gobernante. El proceso electoral del 2012 sólo lo ha confirmado. Jamás hubo pacto para la transición, ni nada que se le parezca. Lo que hubo y hay es un pacto para la regresión, para no cambiar México y para que todo siga igual. Eso sólo empeora todo y por lo mismo es seguir en la descomposición. Al cabo que los negocios, incluidos los ilícitos han quedado bajo resguardo. La reconstrucción del viejo régimen está operando aceleradamente. Hay que ver el ánimo de “cargada” de la clase política y los intentos de linchamiento mediático a todo aquél que muestre sus dudas sobre los resultados presentados. Sólo una mentalidad de militares puede concebir que la unidad nacional es posible en torno a un personaje como Peña Nieto y a un partido como el PRI. Lo más insólito es que se clama por un consenso autoritario y falso. En cualquier sociedad democrática habría un gobierno electo y quienes se les oponen y eso no tiene nada de extraordinario. Todo se complica porque la elección está bajo sospecha y ya retrocedimos a un pasado que se suponía superado. De poco serviría que un personaje como López Obrador aceptara los resultados. Hay millones de mexicanos que se sienten agraviados y lastimados. A los ojos de muchos la elección fue inequitativa, con todo a favor de uno de los contendientes. Eso, en cualquier nación democrática sería un motivo más que suficiente para anularla y convocar a otro proceso. En vez de eso, se confirma que la vía de acceso al poder en México es a través de los arreglos con las cúpulas. Al cabo que hacen ganar a cualquiera. Quién es gobernante le debe la elección a los poderosos, no al pueblo mexicano.  

En todo esto cabe destacar el rol del panismo y de Felipe Calderón. Hasta el último momento vociferaban que no dejarían pasar el priísmo y que el país no volvería atrás. Vicente Fox se sumó muy pronto a la cargada priísta, dejando en claro para quien gobernó durante su sexenio y haciendo patente esa otra dizque transición, regresión clara, que implica devolverles el poder a quienes sólo se les pasó respiración de boca a boca. Lo de Fox no fue una traición, es la avanzadilla del nuevo rol del PAN como comparsas del priísmo. La candidata panista Vázquez Mota avaló de inmediato el resultado oficial de las elecciones, sin cuestionar siquiera como se dieron los votos. Se alejó de la escena pública, sólo para volver y pedir que se reconociera el resultado del Tribunal Electoral. El caso de Vázquez Mota refleja las contradicciones y tensiones del panismo. Se presumen como un partido de ciudadanos, pero ocultan el peso importante que tiene en sus decisiones lo que dice la jerarquía católica y los empresarios conservadores. El PAN se formó para combatir al régimen posrevolucionario, pero si el mandatario priísta les complace se pliegan y punto. La alta jerarquía religiosa y los empresarios voltean al priísmo porque les interesa enterrar la incómoda y molesta democracia y Peña Nieto es un hombre conservador que estará al servicio de los intereses oligárquicos. Vázquez Mota les salía sobrando y sólo la quisieron inflar al final de la contienda para impedir que la votación antipriísta se fuera con AMLO. Calderón muestra una clara línea de complicidad con el priísmo. Han quebrado el proyecto histórico del panismo, sobre todo lo que pudiera quedar en materia democrática. 

No tengo simpatías ni nada que se le parezca por López Obrador. Me parece un liderazgo atávico, vertical y autoritario. En un plan más bien neopriísta. Quizás sea cierto que es mucho menos corrupto que el PRI o que no lo sea como pregonan sus seguidores. En los hechos y ante la falta de otras alternativas mejores, muchos se agarraron a él como un clavo ardiendo, ante la esperada recuperación priísta y la debacle panista. Ya se le quería jubilar para la elección del 2012 y se alzó con la victoria ante Ebrard en el proceso interno de las izquierdas. Se jura y perjura que sin él, a la izquierda le hubiera ido mejor y otra sería la historia. Otros afirman lo contrario. Lo cierto es que se convirtió en el enemigo a contener y es muy probable que en el dilema de optar entre el PRI y AMLO, Calderón y el panismo se inclinaron por la restauración del viejo régimen. El resultado de Julio y el conflicto poselectoral le da otro aire a su liderazgo nacional. Es el único que desconoce el resultado oficial y conecta con la indignación y la protesta de miles de personas que se sienten atropelladas. Es de un dudoso comportamiento democrático y paradójicamente encabeza la denuncia del restablecimiento del autoritarismo priísta. Los lopezobradoristas levantan la bandera de la democracia, por ser los directamente afectados por el resultado y por conveniencia política. Ya veremos lo que hacen y hasta donde llegan. Les guste o no, la cuestión democrática, está en el centro de las definiciones nacionales. En una atmósfera de antidemocratismo y desprecio por las libertades civiles, no faltan quienes siguen despreciando a la democracia como un asunto de clases medias, cuando una y otra vez es el reclamo político que ha suscitado revoluciones, movimientos y transformaciones que le han cambiado el rostro al país. Así será nuevamente. Este intento de establecer un sistema autoritario que conecte con la dictadura global que está en marcha, es inviable en todos los sentidos.  

Contra lo esperado, la candidatura de Peña Nieto genera un rechazo inusual a una figura pública aun antes de concurrir a las urnas. No sólo por su trayectoria o su historia. El despliegue de poder en torno a su persona era apabullante e insultante. Nos recordaba los peores años del priíato. El cálculo era que arrasaría en las elecciones, se alzarían con la mayoría absoluta y las “reformas estructurales” saldrían adelante con facilidad. En el colmo del cinismo se ha dicho que el gobierno Peña Nieto saldría ganando aun si no hiciera nada. Con no tocar los intereses de las mafias, la tranquilidad volvería a las calles y el saldo sería mejor que los 60 mil muertos del calderonismo. Cualquier cosa sería un avance. Se equivocan por completo. Un gobierno inmóvil sólo va a agudizar el estado putrefacto de una transición fallida y abortada. Es irresponsable que el PAN y el PRD le entren a protegerlo y cuidarlo. La partidocracia se aglutina en torno a una presidencia impuesta y buscan restablecer el autoritarismo nacional. Los intereses y los negocios les unen. No tienen que soportar las estructuras de poder priístas o simplemente negocian mejores condiciones ante las mismas. Hasta las reproducen y les sacan provecho. Es de temerse que las famosas “reformas estructurales”, que no son más que cambios orientados a servir los intereses de las empresas globales, sean aprobadas por una nueva mayoría gobernante, encabezada por el PRI, con la complicidad del PAN y el PRD. Estos últimos partidos suponen ingenuamente que si se “portan bien” encontrarán el camino para regresar a la presidencia en el 2018 con la esposa de Calderón o para llegar por primera vez con Ebrard. Se equivocan por completo, el viejo sistema no admite competencia verdadera, a no ser como comparsas. Si se prestan al juego, el PRI los devorará nuevamente.  

Es más interesante la respuesta que se ha dado desde la sociedad civil. La gente estaba paralizada por el pánico y el miedo de la violencia criminal y del Estado con y contra las mafias. Se suponía que la gente aclamaría al PRI y a Peña Nieto como los salvadores de la nación. Serían la “esperanza” de México como dice el “padrino” priísta Salinas de Gortari. Muy pocos se la creen, porque mucha gente sabe de los nexos estructurales del priísmo con el crimen organizado. Casi nadie festeja o celebra, porque no hay motivo para hacerlo. La desazón es mayúscula. Aún más, semanas antes de la elección, desde una institución privada como la Universidad Iberoamericana, se dio una respuesta social convertida en movimiento de masas que rechaza la candidatura de Peña Nieto y alerta a los mexicanos sobre lo que representa el regreso del PRI a la presidencia. Metieron al aspirante presidencial en aprietos y pretende ser el prólogo de una respuesta más amplia a un eventual gobierno que caminara en el desfiladero. El triunfo de Peña Nieto y la restauración priísta son una mala jugada de la historia. Una pesadilla que debe durar el menor tiempo posible. Eso dependerá de si se convierte en “régimen” o apenas alcanza a ser un acto de opereta. Como dice el clásico, la historia aparece dos veces, la primera como tragedia, que ya la tuvimos con el viejo PRI, y la siguiente sería una comedia. Ahora, más bien una farsa. 
Admin · 588 vistas · 2 comentarios
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Comentarios

Comentario de : Campos Bocanegra. [ Visitante ]
Es lamentable que mientras otros países como España,lograron una transición a la democracia (al menos en el plano electoral), en México haya una regresiónpor tantas lagunas en las Leyes electorales, que no hacen posible una elección equitativa y en la que cada quien participe con pena conciencia y sinpermitir manipulaciones de ninguna especie, incluyendo la mercadológica. No hay de otra a seguir enla lucha porl a concientización de las personas a través de la educación. Porque si yaperdimosmuchas cosas, no hay que permitir que se pierda la fé por tener un país y una mejor sociedad.
   10/09/2012 @ 20:29:05
Comentario de : Rangel Tovías [ Visitante ]
Creo que es continuación de la obra trágica que México vivió por varios actos o sexenios durante el gobierno del PRI. Aunque es dudoso el nuevo gobierno tal vez intente realizar algunas acciones únicamente para taparle el ojo al macho. Pobre México, tan lejos de Dios pero tan lejos también de la demcracia.
   10/09/2012 @ 16:51:53

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