José Luis Tejeda González. Escritor/Profesor Universitario

El Cierre de la elección.

28 Jun 2012 - 02:59:36
Ya no es necesario realizar una última llamada. La elección presidencial está a la vuelta de la esquina y la suerte está casi echada. En cualquier sociedad democrática, el libre juego de las ideas y proyectos políticos daría por resultado la victoria de quien el pueblo elige en las urnas. En México eso no es así. Hay una sensación muy extendida de que está es una elección decidida de antemano en las cúpulas del poder económico, político, mediático y militar para restablecer el viejo régimen y llevar al PRI de nuevo a la presidencia de México. La imposición se daría así temblara, lloviera o relampagueara. Nada ni nadie impediría que el ungido se alzara con la victoria como se hacía en los años del príato mexicano. Una elección inequitativa de entrada, donde el elegido trae detrás años de campaña encubierta y no tanto, para despegar con una ventaja considerable en una contienda formal más corta que nunca y colmada de restricciones. La mesa servida desde mucho antes para que ganara quien se había decidido que nos regresaría al agujero del autoritarismo nacional. 

Las encuestas parecen darle la razón a ese pronóstico fatal, por lo inevitable y por lo desastroso de los augurios si llega a consumarse. Las encuestas más favorables le dan al candidato priísta una ventaja de 15 o 18 puntos sobre el segundo lugar. Otras más auguran una elección cerrada y competida. Hay dudas incluso sobre quien ocuparía el segundo lugar. Lo cierto es que más allá de las encuestas complacientes con el priísmo, hay un manto de incertidumbre sobre los resultados por venir. Cabe incluso la posibilidad de que las encuestas no sean tan certeras, que fallen y que nos encontremos con sorpresas de un resultado más disputado o inesperado. Se les cayó la “coronación” y la cargada tampoco funciona a cabalidad. Las vetustas estructuras del priísmo están condenadas de antemano y como todo intento restaurador acabarán por ser una tragedia para un mundo que sigue evolucionando y cambiando a pesar de ellos y en su contra. Nunca una candidatura presidencial se había enfrentado a una movilización social expresamente dirigida contra ella. La activación de la restauración, tiene su contraparte en una respuesta enérgica de quienes le salen al frente. La subcultura política priísta está tan enraizada, al igual que el antipriísmo, con la denuncia y el rechazo a todo lo que representa el PRI: el autoritarismo, la impunidad, la corrupción y la represión. 

A todas luces, la sucesión del 2012 fue esbozada previamente. Con mucha anticipación, los poderes globales y fácticos del país, se prepararon para la restauración del viejo régimen. La apuesta va mucho más allá de un recambio en el poder o de una solución al dilema sucesorio. Se trata de destruir y acabar con el proceso democrático mexicano. En otros lugares se recurre a las dictaduras militares y a los golpes técnicos contra los experimentos democráticos. En el caso mexicano bastaba con el que el PRI regresara al poder. Una dictadura simulada que nunca enseña su naturaleza auténtica. En las élites se decide lo crucial, como en este caso quien sería el próximo presidente de la república y esa resolución se impone y desciende a través de las estructuras coercitivas y corporativas, de los medios de comunicación de masas y de los controles sociales y políticos. La pirámide política se puso a funcionar nuevamente y la democracia queda hecha añicos, apenas una ficción política, un trámite engorroso que debe cubrirse, para dar la apariencia de que el candidato cuenta con la adhesión de las amplias mayorías populares. Las estructuras de poder invisibles, ocultas, corporativas y clientelares llevan al PRI de regreso y a Peña Nieto a “estrenarse” en lo viejo y en lo ya conocido. Es la repetición de una historia bastante vivida y con resultados trágicos para la vida nacional. Es el hundimiento moral de una nación y la recaída en los males que se suponía estábamos superando. 

Como quiera no les salieron las cosas como suponían. A estas alturas Peña Nieto debería estar en la apoteosis nacional. Es un hombre desgastado, vapuleado y exhibido que si llega a ganar lo haría con un porcentaje muy por debajo de lo esperado por las cúpulas. Hasta finales del año pasado contaba con una sobreprotección mediática e institucional que lo volvían intocable. A partir de entonces se muestra vulnerable, titubeante, nervioso. En la FIL empieza su mala fortuna. Se le sigue protegiendo y cuidando al máximo, para impedir que caiga, pero está tocado. El debilitamiento y la caída definitiva de Peña Nieto hubiera mostrado el poderío contestatario de la sociedad civil y eso resultaba inadmisible. Era inconcebible que las redes sociales tuvieran más peso que Televisa y los grandes consorcios mediáticos. La lucha era de poder a poder. Resolvieron sostenerlo hasta el final, en una decisión insensata que lleva aparejado el regreso triunfal del PRI a Los Pinos. Le apuestan a que la revitalización del autoritarismo mexicano le gane la partida a la sociedad demandante. La ciudadanía exigente se iría cansando y frustrando nuevamente. El mensaje es muy claro. Aquí la presidencia se resuelve en las élites y la elección formal es un trámite republicano. Hasta los candidatos que se enfrentan a Peña Nieto jugaron en ese sentido. López Obrador le hizo el juego al PRI en la elección del Edomex, reventando las alianzas del PAN con PRD. Al final de la elección actual, sus huestes llaman al voto útil como si esa afrenta se pudiera olvidar fácilmente. Calderón también juega equivocadamente. Deja a la candidata panista sola, permite que Peña siga arriba y en los hechos le van entregando la presidencia a los priístas. Si no hubo una resolución previa para regresar al PRI a Los Pinos, si lo parece.  

Falta ver el resultado final, para sacar las conclusiones definitivas de la coyuntura. Por el momento, el gran fiasco está en el comportamiento del PAN y de la candidatura de Josefina Vázquez Mota. El desgaste de un par de administraciones blanquiazules, el sacarle la vuelta a los compromisos democráticos y dejar vivo al PRI les costarían y mucho. Fox desaprovechó la oportunidad de la alternancia para cambiar la vida política del país. En vez de eso, se arregló con el viejo régimen, lo dejó casi intacto y el PRI se recuperó. El último desfiguro de Fox sólo confirma lo anterior. Le entrega su apoyo y su voto al candidato priísta. Calderón gobierna en condiciones más apretadas, aunque eso no lo exime de nada. Aún más recargado con los priístas, desde los inicios del sexenio se marca su destino. Se clausura en definitiva la posibilidad del cambio democrático, militariza el país y le abre las puertas de par en par a la restauración autoritaria. En apariencia, el panismo y el calderonismo eran una línea de resistencia al retorno del PRI a Los Pinos. Ahora eso queda en cuestión. Los soportes del panismo se pasan con Peña Nieto y descobijan la opción blanquiazul, la cual se ve abandonada a su suerte desde el principio. De por sí es difícil que un partido político extienda consecutivamente su mandato hasta por un tercer período. Más se complica cuando se bombardea y sabotea a la candidata desde el interior de sus filas. Una parte importante de los poderes fácticos se inclinan por la restauración autoritaria priísta y en nada les interesa un partido desfondado y sin brillo. 

La candidatura panista atrae poco en las alturas y tampoco trae empuje por debajo. Se inicia la campaña con fallas y errores, adjudicables a la candidata, al equipo y al partido mismo. Se notan las desavenencias al interior del equipo y en la relación con el partido y el gobierno. Mientras los otros contendientes mantienen la unidad en torno a su figura, la candidata apenas alcanza a estabilizar la candidatura. Se pierde un tiempo extraordinario y no avanza entre los indecisos e indefinidos. López Obrador le gana la partida y se cae hasta el tercer lugar. No puede hacerse de un espacio propio. Si se aleja del presidente y se presenta como distinta, la dejan sola y pierde apoyo en las filas gubernamentales. Si se ofrece como la candidata de la continuidad, los electores molestos con el calderonismo le cobrarían las cuentas. Apenas alcanza a esbozar una alternativa de género hasta la última parte de la campaña. En el segundo debate le va mejor, aunque le resulta insuficiente y algo tardío. Apenas si recupera algunos puntos y se vuelve a meter en la pelea. Se desconoce si es para quitarle a López Obrador el segundo lugar o si realmente queda alguna posibilidad de alcanzar al puntero. Al final la candidata insiste en que la elección vendrá por tercios, reñida y todavía con posibilidades de ganar. Invoca a Dios en la campaña, dejando que sea un milagro lo que la salve de la bancarrota y del fracaso electoral. No se cae lo suficiente para dar espacio al voto útil por AMLO y tampoco pudo apoderarse del segundo sitio para entrar a la contienda definitiva con Peña Nieto. Un cierre de tercios es la última apuesta, más quimérica que real. 

López Obrador sería una de las sorpresas de la contienda. Luego de estar a punto de ganar la presidencia en el 2006, sería uno de los políticos mexicanos con más opiniones negativas por su comportamiento poselectoral. Se le veían pocas posibilidades a su recuperación política. La identificación del lopezobradorismo con la intolerancia y la rijosidad no era casual, ni es sólo producto de la “guerra sucia” como quieren hacernos entender sus seguidores. El lopezobradorismo es la condensación de un liderazgo autoritario, vertical con una movilización social y popular, que atiende poco las formas del poder y la política y está más abocado a resolver la cuestión de los contenidos, de los intereses a los que se sirven. AMLO es el vértice de todo, de que encuestas valen y cuales no, que datos son fidedignos y cuales se rechazan, cuando se aplica y se defiende la legalidad y cuando se transgrede. Así, con esos modos personalistas le gana la partida al jefe de gobierno Marcelo Ebrard y somete a sus intereses político-electorales a los partidos y agrupaciones de la izquierda mexicana. Sabedor de lo adverso de su figura entre una amplia porción de votantes moderados e indefinidos, se lanza a recuperar espacios en esos segmentos. Es el candidato de la conciliación y la concordia, promotor de la “república amorosa”, que gobernaría indistintamente y tiende lazos a todos los grupos y segmentos sociales. Una derivación de esa conversión “externa” y ocasional es su alianza con grupos empresariales y su recorrido exitoso por las universidades privadas. AMLO se desplaza al centro, se desdibuja, se mimetiza con otros grupos sociales.  

Las deficiencias de la campaña de Vázquez Mota le ayudan a salir del tercer sitio, quitarle el segundo a la candidata panista y aparecer como el candidato que enfrentaría a Peña Nieto en la última fase. El rechazo que recibe Peña Nieto en la Universidad Iberoamericana y la gestación del movimiento 132, le resta votos al candidato priísta y le da realce a la opción lopezobradorista. En el último mes de las campañas, la elección tiende a cerrarse y encuestas como la de Reforma, le dan cuatro puntos apenas de ventaja a Peña Nieto sobre AMLO. El nerviosismo de los mercados financieros coincide con este momento y con la crisis griega y de la Unión Europea. Las aguas se estabilizan por unos días y las encuestas se mueven abriéndose otra vez la diferencia entre punteros. En el segundo debate, López Obrador no se mete con Peña Nieto, lo que se atribuye a que quiso dar una imagen más propositiva, aunque está la sospecha de acuerdos no claros entre los punteros. AMLO insiste hasta el final en que va por delante en sus encuestas y que se prepara un despojo electoral nuevamente. La desconfianza por las encuestas es tal, que todo resulta posible. Han generado un efecto contraproducente. En vez de brindar certidumbre sobre las intenciones del voto, han sembrado el resquemor, de que están falseadas y sesgadas. Cualquier resultado sería concebible. Alta confianza sistémica y desconfianza entre la base de la población, sería el resultado del mal uso de los instrumentos de medición electoral. Es contradictorio y se presiente la imposición aunque cualquier cosa puede ocurrir. La izquierda insiste en que puede ganar y la moneda queda en el aire. AMLO ofrece un cambio verdadero que no es tal. A lo más, se impediría el retorno triunfante del PRI. Aunque finalmente ganaría otro expriísta, una expresión de neopriísmo mezclado con las tradiciones de la izquierda mexicana.
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Comentarios

Comentario de : Luis Méndez [ Visitante ] Sitio web
Las encuestas han fallado, cada vez con mayor recurrencia, las encuestas se han convertido en parte del fraude y la manipulación. Yo confío en el voto y es seguro que este domingo el voto útil será para AMLO.
   28/06/2012 @ 17:24:18

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